Un Tour por el Este con los Cocuyos
Santo Domingo.- Todo fue “genialmente’ planeado. La salida era a las 5:30 de la mañana del domingo 25 de febrero. Minutos antes comenzaron a llegar ciclistas a la estación gasolinera de la JF Kennedy casi con Núñez. Los había hembras, varones, niños y adultos de todas las edades y de todos los pesos. Propósito: Llegar a Higuey en bicicleta con el Grupo “Los cocuyos”.
Los líderes del grupo, Richard Martínez (La Ardilla) y Rubén Paradís, cariñosamente El Pinto, comenzaron a organizar la salida. Aunque un poco oscuro, cosa que para los Cocuyos no resultaba novedad, comenzó la travesía que se extendería por más de 7 horas sobre la bicicleta. Jhon Rafael Vásquez, otrora ciclista superior, ahora agente motorizado de la policía, nos franqueó hasta la salida de la ciudad.
Ya en la autopista las Américas, con las luces de los vehículos que nos acompañaban, el grupo que alcanzaba los 60 ciclistas, comenzó a organizarse y a irse sustituyendo la fresca brisa mañanera por el colorcito generado por la acción de pedalear y el pequeño stress que siempre se siente cuando se anda en grupo. “Un pinche”, sonó la primera voz de alarma a la altura de los Tres Ojos. Maribel Abréu es la victima. Poueriet, Landestoy, Rubén y Richard se hacen cargo y en 10 minutos ya tienen de nuevo a Maribel en la carretera. El grupo, aunque se le avisó del pinchazo, redujo la marcha, pero aún así, hay bastante distancia. Se organiza el grupito. Ponemos a Maribel atrás y se sube el paso a 40 km/h. No se avanza. Muy duro para Maribel. Se llama al camión escoba y lo ponemos en el frente. Un trasmoto hasta el pelotón.
Se pasa Boca Chica. El grupo va unido, coordinado y a un paso cómodo, alineados en pareja. A los pocos kilómetros del cruce de Boca Chica, suena de nuevo la alarma: “Otro Pinche”. De nuevo Maribel. Para Poueriet y Ruben; les cambiamos el aro trasero… y a perseguir de nuevo el Pelotón. Poueriet delante. 40 kms /h fijo. Maribel soporta la marcha. Se pegan al Venezolano que había perdido el pelotón momentáneamente. Finalmente los tres se reintegran al grupo, con la esperanza de que Maribel no se pinche de nuevo.
Por los predios de Juan Dolio, ya el sol nos daba de frente y muchos comenzaron a preguntar: “En donde es la parada”. En quince klms, respondían los organizadores. Dejamos el boulevar y nos encaminamos al cruce esperado por todos, el paso por el puente nuevo de la cementera. Una gran experiencia pasar en bicicleta por el puente mas moderno del país.
Por fin la primera parada. En el parador del cruce de la Autovía con la carretera San Pedro Hato Mayor. Un momento para descansar, compartir, recargar energía y seguir la travesía hasta el hogar de nuestra patrona, Virgen de la Altagracia.
La carretera San Pedro – Hato Mayor, novedad para este recorrido, en principio resultó un poco incómoda para el transito de las bicicletas. Aunque no está totalmente deteriorada, había que estar atento a los hoyos e irregularidades de la vía para no dañar un aro o provocar una caída. Se anunciaban los hoyos con anticipación y no hubo ningún problema. Llegando a Hato Mayor ya se estaba rondando los 100 kms y se acercaba a las 10:30 de la mañana. Muchos, con poco entrenamiento, comenzaron a sufrir. Con Poueriet en la cabeza para evitar dispersar el grupo y que se tome la vía adecuada al entrar y salir de Hato Mayor, Richard en el intermedio animando y Rubén en la retaguardia, conformaron el equipo perfecto para el recorrido.
Iniciamos las ondulaciones del tramo Hato Mayor – El Seibo. Muchos comenzaron a acelerar el paso y devorar los repechos de esta hermosa carretera, testigo de la memorable batalla de Palo Hincado, en tiempos de la colonia. Sabían del premio que le esperaba. El refrescante mabí Seibano, vestido de novia, fruto de 24 horas de electricidad sin interrupciones. Y como lo dicho… hecho. No se dice que estuviste en el Seibo sino bebiste mabí Seibano.
La última jornada para completar la travesía era el tramo, tan gratificante como el anterior, los 38 kms del Seibo a Higuey. A esas alturas algunos de los osados ciclistas ya deciden “No Más”. Los demás se plantean como un reto terminar el recorrido. Hacen sus cálculos y el total les dá 185 kms, unos 20 o 25 más de lo planificado. Pero ya lo peor pasó, así que hay que terminar. Entre chistes, conversación y relajo se va subiendo el paso lentamente. Los repechos y los policías acostados van diezmando el pelotón de cabeza. El repecho largo del río Chavón hace que se reduzca a no más de 10 ciclistas en la punta. El repecho de Sanate convierte a la punta en apenas 6 ciclistas, que aprietan los dientes y casi revientan las piernas para no quedarse. Ya saliendo de Santana el farmacéutico Wady hace de las suyas y se vá tranquilamente. Al rato sale Ruben Madera y detrás Colón Guevara quien por más esfuerzo que hace no puede alcanzar a Wady. Se queda Madera. Arranca Poueriet a mitad de loma y coronando se une al Jabao Guevara. Se inicia la persecución. Se va rodando sobre los 45 kms por hora y quedan apenas 2 kms para llegar a Higuey. Se une el Pollito Tejera. Ahora son tres que le dan a muerte para no dejar que Wady llegue solo. Ya comienzan a encontrar mucho tránsito y se decide dejar la persecución. Ganó Wady.
Con la Basílica de fondo, comenzamos a entrar a Higuey a la 1:00 pm. Ya hay hambre sed, deshidratación y un sabor a “deber cumplido”. Frente a la entrada de la Basílica esperamos hasta cerca de la 1:30 pm que llegó el último ciclista, acompañado de Rubén y detrás el camión “escoba”.
Después de unas cuantas anecdotas e historietas del recorrido, Ruben invita al grupo a degustar una refrescante limonada que gentilmente preparó su madre para los participantes. Luego partimos hacia el restaurán el Fogón situado en la Av. Altagracia, en el pleno Boulevar, en donde se degustó un sabroso Bufet con el que todo el mundo quedó satisfecho de otro paseo “A Higuey con los Cocuyos”. |